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Síntomas y diagnóstico médico de la parálisis facial

La parálisis facial es un síndrome fundamental dentro de la especialidad de Otorrinolaringología. Normalmente se produce de forma autónoma, pero en ocasiones puede estar motivada por otras patologías, como tumores de la parótida, traumatismos craneofaciales, etc.

La parálisis facial periférica produce la pérdida de motricidad voluntaria y refleja de todos los músculos inervados por el nervio facial, que pierden tono y tienden a la atrofia. Los efectos que se producen son:

  • Inmovilidad de la mímica facial.
  • Asimetría facial, con cara inexpresiva, frente lisa, desviación de la comisura bucal, apertura ocular palpebral y lagrimeo continuo.
  • Signo de Bell, que es la desviación superoexterna del globo ocular del lado afectado durante el intento de cierre palpebral

Lo más importante es valorar el grado de afectación motora para realizar una buena evaluación y para el posterior seguimiento.

Clasificación de la parálisis facial según la afectación clínica

Existen diversas clasificaciones, pero la más aceptada es la elaborada por House y mejorada por Brackmann, que se basa en 6 grados de afectación.

En el caso de pacientes con parálisis de Bell suele producirse sensación de acorchamiento facial y dolor punzante periarticular. También pueden existir alteraciones en el gusto, así como sensación de acorchamiento lingual.

Existen, además, alteraciones en el olfato derivadas de la insuficiencia respiratoria nasal generada por la parálisis de la musculatura dilatadora del ala nasal.

La secreción lagrimal se ve alterada, bien por defecto, por afectación facial por encima del ganglio geniculado, afectando a los petrosis, bien por exceso, por desbordamiento de la lágrima por el lagoftalmos, producido por el mal cierre del párpado.

Diagnóstico

El diagnóstico en sí no tiene dificultad clínica, pues el cuadro suele ser claro y evidente. Lo fundamental es el diagnóstico etiológico, el topodiagnóstico y el pronóstico, que vendrán marcados por las pruebas funcionales: auditivas, vestibulares y test electrofisiológicos.

La historia clínica y la exploración por parte del otorrinolaringólogo son el dato inicial más importante a la hora de buscar una causa de la parálisis. En función de ello, se hará necesaria la realización de estudios de imagen para localizar una causa física, como tumores o traumatismos. Los estudios de imagen más importantes son la tomografía computerizada (TC) y la resonancia magnética (RM). En general es más útil esta última, a excepción de los traumatismos.

El topodiagnóstico se basa en usar las divisiones del nervio facial para identificar el sitio de lesión y, con ello, obtener un pronóstico aproximado.

Examinar la función auditiva también nos puede aproximar más claramente a un diagnóstico, ya que el tipo de pérdida audiométrica será lo primero que nos oriente hacia la posible causa de la parálisis.

La presencia de vértigo no es excesivamente común, salvo la excepción del síndrome de Ramsay-Hunt, cuyos pacientes pueden sufrirlo, así como los que presentan lesiones de ángulo pontocerebeloso.

Las pruebas electrofisiológicas son el pilar fundamental a la hora de dar un pronóstico en las parálisis faciales. Las principales pruebas son los test de estimulación máxima, la electromiografía (EMG), y la electromiografía evocada (EEMG) o electroneuronografía (ENOG).

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