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6 pautas para el cuidado de la piel durante el invierno

Durante el invierno, con la bajada de las temperaturas, la piel puede resentirse. Las condiciones atmosféricas adversas, como el viento y el frío, pueden afectar a las zonas más expuestas, habitualmente rostro y manos.

Como consecuencia de ello la piel se reseca más y se irrita con mayor facilidad. De este modo, determinadas enfermedades, como los eccemas o la rosácea, pueden empeorar.

Patologías de la piel más frecuentes durante el invierno

  • La sequedad y los eccemas “a frigori”, es decir, provocados por el frío, son frecuentes en esta época. A causa de la sequedad e irritación la piel, secundariamente, puede inflamarse más, especialmente en las manos y las zonas sacras, como orejas y nariz. En caso de que aparezcan eccemas pautaremos corticoides durante un corto período de tiempo. Si son muy persistentes, el tratamiento será con antiinflamatorios sin corticoides, como el tracolimus, que se pueden prolongar en el tiempo
  • La perniosis, más conocida como sabañones: se trata de lesiones inflamatorias que pueden picar, incluso doler, y que suelen estar relacionados con problemas de la circulación periférica que empeoran con el frío. En este caso es importante valorarlos en consulta ya que, en ocasiones, pueden esconder patologías más serias, como por ejemplo el lupus u otras enfermedades autoinmunes.

Recomendaciones para el cuidado de la piel en los meses más fríos

La prevención es el primer paso para cuidar nuestra piel, especialmente en los meses más fríos. En este sentido recomendamos:

  1. Mantener una correcta hidratación: utilizar cremas hidratantes que nos proporcionen un efecto barrera para combatir el frío y el viento.
  2. Protegerse también con guantes (para las manos) y gorro (para las orejas).
  3. Utilizar fotoprotección a diario: si bien no tiene que ser tan alta como en verano, al menos debemos emplear un factor 30. De este modo prevenimos la aparición de manchas y carcinogénesis.
  4. En el caso de encontrarnos en la nieve es necesario extremar la fotoprotección solar, ya que los rayos ultravioletas se reflejan en la superficie y la radiación es intensa.
  5. Vigilar la temperatura de la calefacción: cuanto más alta, mayor será el contraste con la temperatura exterior, de modo que se favorecerá la deshidratación.
  6. Evitar las duchas de agua muy caliente, ya que suponen una agresión física para la piel. Aconsejamos que sean templadas.

Por último, tener presente que los meses más fríos, debido a la menor exposición solar, son la época idónea para realizar tratamientos dermatológicos, como:

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