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Deporte y estrés

¿Qué es el estrés?

El término estrés no es malo o bueno en sí mismo. Fue descrito a principios de 1900 por Sealy dentro de un proceso fisiológico denominado Síndrome General de Adaptación. Básicamente viene a decir que nuestro organismo se enfrenta a innumerables agentes que causan estrés, lo que provoca un proceso de adaptación, mediado hormonalmente (intervienen hormonas como el cortisol, catecolaminas, etc.).

Este proceso necesita de una fase de estímulo y otra de descanso. Fruto de ambas se produce la adaptación, que nos permite soportar cargas estresantes más intensas.

Cuando se rompe esta cadencia de exposición y descanso es cuando el estrés se vuelve nocivo para nuestro organismo. Ocurre que se mantiene una primacía del sistema nervioso simpático que produce agotamiento en la persona y, finalmente, la hace enfermar, disminuyendo su rendimiento en cualquier ámbito, ya sea laboral o deportivo.

¿Cuándo resulta beneficioso el estrés?

El estrés bien entendido y estructurado no es más que un entrenamiento para soportar las exigencias de la vida. Sin estrés no podríamos vivir. En definitiva, se trata de establecer las cargas de trabajo de frecuencia, intensidad y duración variables, el tiempo de exposición a las mismas, la adaptación fisiológica y el descanso.

En el caso del deporte, resulta vital desde la infancia, y este entrenamiento es el causante del gran rendimiento que podemos ver en los atletas. Pero estos, cuando se exceden en la carga, también sufren cuadros de sobreentrenamiento y padecen los mismos efectos secundarios al estrés.

El estrés sirve para mantenernos vivos, atentos a los peligros, y es un factor fundamental para nuestra supervivencia y para poder dar la mejor expresión de nuestras capacidades.

Entendemos que es positivo cuando colabora precisamente en hacernos rendir más (efecto entrenamiento) en nuestras tareas habituales, ya sean físicas o intelectuales.

¿El deporte puede evitar los efectos negativos del estrés?

El estrés de las sesiones de entrenamiento nos permite desarrollar nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestros músculos y nos facilita establecer objetivos y estrategias para conseguirlo.

El deporte tiene una gran faceta intelectual, ya que supone una toma de decisiones permanente en la que intervienen:

  • Una buena preparación técnica
  • Un buen planteamiento estratégico
  • La interrelación con el resto y con el entorno

De este modo nuestra mente se mantiene ocupada en tareas saludables que inciden muy positivamente en nuestra salud:

  • Creatividad
  • Estimulación del sistema nervioso central y su tarea cognitiva
  • Aumento de la función de todos los órganos y sistemas implicados en el rendimiento físico (facilita la llegada de más oxígeno a los músculos y al cerebro y ayuda a que los músculos absorban más oxígeno)

Este equilibrio en el estímulo correcto es lo que denominamos euestrés (estrés “bueno”).

¿Cuál es el límite para que el estrés “bueno” se convierta en “malo”?

Lo que ocurre cuando sobrepasamos nuestros límites de soportar un determinado efecto estresante es que esa hiperactivación, que nos permite rendir más, se agota y entramos en una fase de depresión de todos los órganos o sistemas que antes nos protegían:

  • Sistema hormonal
  • Aparato cardiovascular
  • Aparato respiratorio
  • Aparato muscular

Poco a poco nuestro organismo claudica con un fallo multiorgánico.

En todo este proceso es fundamental el descanso. Durante ese periodo, y durante el sueño, nuestro organismo se adapta y produce las modificaciones bioquímicas y funcionales que nos permiten rendir más en el futuro.

La vida y el deporte nos pueden llevar a un estrés crónico que va desde el biológico, al genético, pasa inexorablemente por el mecánico y el emocional y, finalmente, se conforma en una respuesta patológica desde el punto de vista psicológico.

Nuestro cerebro está en el centro de toda esta respuesta patológica: nuestras neuronas se relacionan peor, acumulan más sustancias de desecho y rinden menos cualitativa y cuantitativamente.

¿Qué relación tiene con el llamado “entrenamiento invisible”?

El llamado “entrenamiento invisible” es el conjunto de hábitos de actividad, descanso, forma de vida de relación y ocio que pueden influir decisivamente en el resultado del objetivo que perseguimos.

Tiene mucho que ver con el plano físico. Aunque descansemos de nuestra tarea deportiva podemos hacerlo de una manera activa, que distraiga nuestros sentidos y estimule capacidades menos desarrolladas. Por ejemplo, un buen paseo puede ser la mejor manera de descansar después de un gran esfuerzo.

Dormir bien y pasar fases con disminución de estímulos, simplemente leyendo, cocinando, comiendo, hablando con amigos, puede ser un magnífico antídoto para romper la fatiga psicológica que acompaña a la necesidad de rendir al máximo y conseguir objetivos.

Para todo ello es fundamental, además, una buena nutrición, que unida al descanso y la correcta dosis de entrenamiento, forman el triángulo milagroso de los grandes campeones.

El “entrenamiento invisible” nos protege contra el padecimiento de estrés y nos permite salir de él cuando hayamos podido calibrar mal nuestra capacidad.

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