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Genética y Nutrición

La interacción de nuestros genes con el medio ambiente durante millones de años ha permitido avanzar en la evolución humana. Nosotros somos la resultante de dicha interacción: nos hemos adaptado cada uno a nuestro ambiente. Eso nos ha permitido sobrevivir y evolucionar. Probablemente el factor más importante es la interacción entre la genética y la nutrición.

Las orientaciones nutricionales actuales no tienen en cuenta las diferencias que se producen en los individuos ante la ingesta de los mismos nutrientes. Esta variabilidad de respuesta puede alterar enormemente la eficacia de las recomendaciones nutricionales generales, lo que hace que una recomendación general pueda no adecuarse a las necesidades de todo el mundo.

Nutrigenética y Nutrigenómica

Las distintas variaciones genéticas condicionan diferencias en los requerimientos nutricionales y los distintos genotipos contribuyen a la mayor o menor predisposición a sufrir enfermedades.

La genética nutricional abarca, por tanto, todo el campo de interacción entre los nutrientes y los genes, tanto en el desarrollo de enfermedades como en la prevención de las mismas.

  • La Nutrigenética estudia el efecto de la variación genética en la interacción entre dieta y enfermedad. Su objetivo sería llegar a la dieta personalizada.
  • La Nutrigenómica es la capacidad de los nutrientes para modificar la expresión génica. Su objetivo sería la prevención.

Esto ha dado lugar a individuos diferentes adaptados a su zona, a su clima, a sus alimentos y a sus costumbres. Es impensable que haya solo una “dieta saludable” como tal y, por tanto, tendremos que analizar no solo la dieta, sino todas las variables que interviene en lo que conocemos como salud.

Un buen ejemplo: la tolerancia a lactosa

La tolerancia a la lactosa es un buen ejemplo de la interacción gen-nutrientes.

De adulto, para tolerar la lactosa, hay que tener una mutación en el gen de la lactasa. Esta mutación se produjo en las zonas donde había más ganadería y las personas se beneficiaron de tomar leche. Claramente coincide con centro Europa, y algunas zonas de África y Asia, que son zonas ganaderas.

Así pues, vemos cómo muy recientemente, en los últimos siete mil u ocho mil años, se ha producido una evolución positiva del ser humano determinada por el medio ambiente, en este caso, la ganadería.

Genoma mediterráneo

Cada civilización ha desarrollado una manera de utilizar los ingredientes, de mezclarlos, para que se produzca precisamente esa mayor capacidad de salud para el genoma de aquellos que están viviendo en ese entorno.

Entonces, la mejor interacción del genoma mediterráneo será con los productos con las características del mundo mediterráneo. Una de las cosas que ocurre es que eso nos ha adaptado a determinados gustos.

Lo mismo lo podemos trasladar a nuestro medio ambiente. En la zona del mediterráneo toleramos mal la leche y tenemos poca ganadería, pero tenemos otros productos que utilizamos en nuestra alimentación, uno de los principales, el aceite de oliva.

Numerosas investigaciones están demostrando que en el genoma mediterráneo se han desarrollado mutaciones que han hecho que el aceite de oliva sea una de las fuentes principales o uno de los ingredientes principales en nuestra cocina y que constituye el mayor beneficio para nuestros genes.

¿Por qué es tan importante el aceite de oliva?

Sabemos que la dieta es un factor determinante en muchas enfermedades, pero sobre todo lo es en el desarrollo de la arteriosclerosis y la enfermedad cardiovascular.

Probablemente, de todos los nutrientes de la dieta, las grasas parecen ser los factores que más repercuten en la salud, ya que influyen en todos los aspectos patogénicos de la misma que van, desde las alteraciones de las distintas fracciones de los lípidos, principalmente del colesterol, hasta la acción sobre la tensión arterial, el endotelio la agregación plaquetaria, la coagulación, la inflamación, el sistema inmunológico, etc.

Si seguimos un modelo típicamente occidental, rico en productos derivados de los animales, rico en grasa saturada, vamos a actuar dañando nuestras arterias y vamos a reducir nuestra capacidad de repararlas. De esta forma, el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular va a ser mucho mayor.

Por el contrario, si consumimos modelos de alimentación mediterránea, ricos en aceite de oliva, además de corregir los factores de riesgo cardiovascular clásicos vamos, en primer lugar, a dañar en menor medida nuestro endotelio y favorecer la capacidad regenerativa del mismo y, en último extremo, reducir el riesgo de presentar enfermedad cardiovascular.

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